jueves, 14 de mayo de 2020

La tradición renovada. La filosofía de Leonardo Polo.


Nació en Madrid en 1926 y murió en Pamplona en 2013.

Sus primeras lecturas fueron de los grandes autores contemporáneos como Hegel, Kant, Descartes  y otros. Se fue becado a Italia y amplió sus estudios con las lecturas de Aristóteles y Tomás de Aquino.


Ya antes, en Madrid, se había dado cuenta de que el conocimiento, tal y como lo había expuesto  Aristóteles y prácticamente todo el mundo aceptaba, era limitado. Si parte de los sentidos, los datos que estos aportan son reducidos, aún cuando la ciencia procure continuamente ampliarlos. Esos son los datos que ilumina el intelecto agente y dan como resultado el concepto u objeto. Aristóteles llegó a la conclusión que el silogismo científico era imposible, y su estudio de la lógica, como método perfecto de la razón, y así termina en la retórica, que es el modo de convencer mediante procedimientos racionales pero teniendo en cuenta también los intereses, las emociones, etc. Por otra parte, Tomás de Aquino afirmó que no podía conocerse plenamente la esencia.


Por estos motivos le interesó la investigación del intelecto agente, esa luz necesaria pero un poco misteriosa porque se desconocía su procedencia. Por las mismas razones prestó atención a la distinción real entre esencia y ser, señalada por Tomás de Aquino. Elaboró un amplio trabajo que le serviría después de apoyo para toda su labor.

Vuelto a España, preparó una tesis de doctorado titulada Evidencia y realidad en Descartes, siendo su director de tesis Antonio Millán Puelles. En ella afirmaba que por su manera de cerrar sus logros filosóficos, más que racionalista habría que calificarlo de voluntarista. Algo que alabó después Paul Ricoeur.

A la publicación de la tesis siguió El acceso al ser I.  En 1956 comenzó a dar clases en la recién inaugura facultad de filosofía del Estudio General de Navarra, reconocido en 1960 como universidad. En 1974 inició la publicación de sus cinco tomos de Teoría del Conocimiento, los dos últimos unificados más adelante. Provenían de sus lecciones de clase, procedimiento que luego prodigó porque le ayudó a avanzar en su pensamiento. Aquellos tomos dejaron asentadas las bases de toda su obra, que depende completamente de su primer descubrimiento. De hecho el método que propone para comprender su filosofía es el abandono del límite mental.

Muchos otros autores han considerado el conocimiento objetivo como limitado e iniciaron otros caminos como la intuición, y así lo hizo Duns Scoto, o el conocimiento práctico y el experimental, propio de la ciencia. Polo investigó, como se ha dicho, el intelecto agente, aquella la luz que, según Aristóteles, lo hacía posible. Por su carácter activo, lo asoció al acto de ser personal que había propuesto Tomás de Aquino, continuando la noción de acto de Aristóteles.

Polo entendió que tenía dos cometidos: conocer “hacia fuera” de sí, el universo físico, y conocer “hacia dentro” buscando quién era él, el sujeto que conoce. Los autores idealistas se quedaron en el ‘yo’. Pero Polo concluyó que el quién que conoce era un acto de ser personal. No era el punto de partida absoluto porque él no era el autor de su ser. Su acto de ser “le había sido dado” por Otro, generosamente, como un acto de bondad. En ese dar, proveniente de un acto de ser superior, Dios, estaba indicado el origen y el fin de la persona humana. El origen era claro, y el fin también: alcanzar a conocer a Aquel que le había otorgado generosamente el ser, para intentar entender el sentido de su existencia y amarle graciosamente, libremente, con la libertad que acompañaba desde la raíz a su ser.

Como se ve, en este punto su filosofía se acerca a la teología dogmática, pero hay que decir que no toma nada de ella porque la investigación poliana sigue sus derroteros racionales. En todo caso se puede decir que es teología natural. Hay que reconocer que amplía la antigua teología natural porque aquella se quedaba en los hallazgos metafísicos, en cambio esta llega a lo conseguido por Polo en su antropología trascendental. En todo caso, quizás se puede decir que aumenta el contenido de los praembula fidei, el alcance intelectual de la fe. De hecho, hay sintonía entre las afirmaciones de Polo y las sustentadas desde la fe por hallazgos revelados, aunque la autoridad de la autoría sea diferente.

En la metafísica anterior se aludía a nociones que eran llamadas ‘trascendentales’, porque iban ‘más allá’ de las categorías, superaban el conocimiento objetivo con que estas eran encontradas. Tampoco se sabía como el intelecto humano accedía a ellas, aunque se conjeturaba que debía haber un modo ‘trascendental’ de hacerlo. Este es otro tema que investiga Polo, iniciando así su Antropología trascendental, que continuaba el estudio sobre el intelecto agente, al que llama entendimiento o ‘intelecto personal’, para distinguirlo del conocimiento ‘natural’ u objetivo.

Ese acto de ser personal es activo mediante hábitos, actos particulares que se guardan como hábitos, como el hábito del principio de no-contradicción, el de sabiduría y el de sindéresis. Este término clásico, utilizado por Tomás de Aquino, significa ‘yo vigilo’, ‘estoy atento’, y activa el conocimiento teórico y práctico. De este modo encauza las intuiciones para no objetivizar la realidad, como habían propuesto Scoto, Schopenhauer, Bergson, Marcel y otros.

Se ha publicado la edición crítica de sus obras completas que, a su vez, habían sido publicadas en vida del autor. Queda por publicar múltiples escritos, notas, grabaciones de conferencias o de foros, en lo que se trabaja. Cada vez son más los investigadores que acuden a él para realizar sus tesis doctorales , o fundamentar sus estudios de física, educación, economía, sociología, etc. Se han constituido varios institutos de investigación sobre Leonardo Polo, alguno de ellos con la pretensión de ir traduciendo al inglés sus obras, empezando claro está por las más sencillas. Hay también escritos en francés e italiano.